James Weddell (1822-23)
Arnoldo Canclini, en "Tierra del Fuego, su historia en historias", nos hace el relato del obra "Viaje hacia el Polo Sur" de James Weddell :
Era en plena zona del Cabo de Hornos, donde tocó por primera vez, llegando
desde las Georgias. Aparecieron dos hombres en una canoa, con una apariencia muy miserable, haciendo muchos gestos
e inclusive alguna especia de singing noise (ruido cantor). Pensando que estaban hambrientos, Weddell les
hizo alcanzar carne, pan y vino. Aceptaron la primera, que comieron rápidamente, pero desecharon los otros
dos productos. Unos días después se presento un grupo mayor, que admitió subir a bordo. Los
llevaron a recorrer el barco y uno de ellos, al verse en el espejo, fue a mirar quién estaba escondido detrás,
quizá pensando que era demasiado feo lo que veía. Había que vigilarlos muy de cerca, por su
tendencia al robo; uno de ellos quiso apoderarse de un aparato, pero se lo disuadió con un suave golpe de
látigo. A la tarde, reaparecieron con una nueva pintura en la cara y un joven fue el primero en aceptar
algunas cositas a cambio de lo suyo. A otro le dieron de tomar una taza de café, lo que el salvaje entendió
como un obsequio y se la quiso guardar. EL marinero del caso le dijo : "You coppercouloured rascal,
where is my tin pot ?" ("Tú, pillo color de cobre, ¿donde está mi taza?"),
palabras que él repitió textualmente, por cierto que sin tener idea de lo que decía y quizá
sin pensar que decía algo.
El capitán comenzó ya a hacer apuntes sobre el carácter fueguino.
Eran, a su juicio, de la condición más baja del mundo, de una ignorancia prístina de lo más
bajo, aunque por allí se dice que amaban muchos a sus perros.
Más al norte, en la zona del Seno Año Nuevo, encontraron a nuevo
grupo, de mejor apostura que el primero. Consiguieron un mejor intercambio y de alguna forma le 'compraron' una
canoa con todos sus avíos. De nuevo fracasaron en su intento de convidarlos con vino de Madeira.
Al parecer, Weddell era un hombre religioso y quizá haya sido el primero -al
margen, por supuesto, de los ya lejanos sacerdotes españoles- que haya pensado en hacer algo desde el punto
de vista religioso. Claro está que su buena voluntad hoy sólo nos hace sonreír bondadosamente.
Nos parece que no seríamos justos con el si no le copiáramos en su párrafo clave al respecto :
" Yo estaba ansioso por descubrir si tenían algún objeto de adoración divina y de
acuerdo con ello, los llamé para reunirlos a mi alrededor y les leí un capitulo de la Biblia ;
no se esperaba que entendieran lo que se les leía, pero era bueno mostrarles la Biblia y leérsela,
haciendo a la vez gestos sobre la muerte, la resurrección y la suplica al cielo. Demostraron no entender
nada de su significado, pero mientras yo leía y hacía gestos, me imitaban, siguiéndome con
un parloteo cuando leía, subiendo y bajando la voz como lo hacía yo. Sin embargo, durante ese momento,
se los veía perfectamente atentos, mirándome fijamente en la cara, con evidentes muestras de asombro.
Uno de ellos apoyó su oído en el libro, creyendo que hablaba, mientras que otro quería llevarlo
a su canoa ; en breve, todos estaban interesados en el libro y si hubieran podido hacer un uso adecuado de
él, se los hubiera dado de buen grado. " Lo triste es que, entre tanto, uno de ellos quiso aprovechar
para un frustrado hurto.
Partiendo de allí hacia las Diego Ramírez, encontraron otro grupo. Esta vez, Weddell se dedicó a hacer anotaciones lingüísticas, apuntando cuatro palabras que según él se parecen a sus equivalentes en hebreo ; por ejemplo 'agua' se diría sayam en yagán y yam en hebreo o 'mujer', abaish y ausha, respectivamente. Para comprobar "si tenían alguna idea de una vida futura", hizo lo mismo que la otra vez. Comenta : " Ciertamente observé que tenían un sentimiento solemne, que demostraron mirándose uno al otro en la casa, con un aspecto sumamente expresivo y hablándose entre sí en voz baja. No pude discernir nada como una forma de culto. "
Como balance, las opiniones del marinero no eran de las peores, pues inclusive echaba la culpa de la pereza fueguina al clima. Admite que se los ha descripto como casi de instintos animales e incapaces de recibir enseñanza. El opinaba que el cuadro seria distinto si tuvieran trato con los extranjeros, pues a su juicio eran tratables e inofensivos.
from Arnoldo Canclini - Tierra del Fuego, su historia en historias, Editorial Galerna, 1986