Cortázar - Marelle [78] (-40)
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Cortázar
- Rayuela [78] (-40)![]()
La intimidad de los Traveler. Cuando me despido de ellos en el zaguán o en el café de la esquina, de golpe es como un deseo de quedarme cerca, viéndolos vivir, voyeur sin apetitos, amistoso, un poco triste. Intimidad, qué palabra, ahí nomás dan ganas de meterle la hache fatídica. Pero qué otra palabra podría intimar (en primera acepción) la piel misma del conocimiento, la razón epitelial de que Talita, Manolo y yo seamos amigos. La gente se cree amiga porque coincide algunas horas por semana en un sofá, una película, a veces una cama, o porque le toca hacer el mismo trabajo en la oficina. De muchacho, en el café, cuántas veces la ilusión de la identitad con los camaradas nos hizo felices. Identidad con hombres y mujeres de los que conocíamos apenas de manera de ser, una forma de entregarse, un perfil. Me acuerdo, con una nitidez fuera del tiempo, de los cafés porteños en que por unas horas conseguimos librarnos de la familia y obligacicones, entramos en un territorio de humoy confianza en nosotros y en los amigos, accedimos a algo que nos confortaba en lo precario, nos prometía una especie de inmortalidad. Y ahí, a los veinte años, dijimos nuestra palabra más lúcida, supimos de nuestros afectos más profundos, fuimos como dioses del medio litro de cristal y del cubano seco. Cielito del café, cielito lindo. La calle, después, era como una expulsión, siempre, el ángel con la espada flamígera dirigiendo el tráfico en Corrientes y San Martín. A casa que es tarde, a los expedientes, a la cama conyugal, al té de tilo para la vieja, al examen de pasado mañana, a la novia ridícula que lee a Vicki Baum y con la que nos casaremos, no hay remedio.
(Extraña mujer, Talita. Da la impresión de andar llevando una vela encendida en la mano, mostrando un camino. Y eso que es la modestia misma, cosa rara en una diplomada argentina, aquí donde basta un título de agrimensor para que cualquiera se la piye en serio. Pensar que atendía una farmacia, es ciclópeo, es verdaderamente aglutinante. Y se peina de una manera tan bonita.)
Ahora vengo a descubrir que Manolo se llama Manú el la intimidad. A Talita le parece tan natural eso de llamarle Manú a Manolo, no se da cuenta de que para sus amigos es un escándalo secreto, una herida que sangra. Pero yo, con qué derecho... El del hijo pródigo, en todo caso. Dicho sea al pasar, el hijo pródigo va a tener que buscar trabajo, el último arqueo ha sido verdaderamente espeleológico. Si acepto los requiebros de la pobre Gekrepten, que haría cualquier cosa por acostarse conmigo, tendré una pieza asegurada y camisas, etc. La idea de salir a vender cortes de género es tan idiota como cualquier otra, cuestión de ensayar, pero lo más divertido sería entrar en el circo con Manolo y Talita. Entrar en el circo, bella fórmula. En el comienzo fue un circo, y ese poema de Cummings donde se dice que para la creación el Viejo juntó tanto aire en los pulmones como una carpa de circo. No se puede decir en español. Sí se puede, pero habría que decir: juntó una carpa de circo de aire. Aceptaremos la oferta de Gekrepten, que es una excelente chica, y eso nos permitirá vivir más cerca de Manolo y Talita, puesto que topográficamente apenas estaremos separados por dos paredes y una fina rebanada de aire. Con un clandestino al alcance de la mano, el almacén cerca, la feria ahí nomás. Pensar que Gekrepten me ha esperado. Es increíble que cosas así les ocurran a otros. Todos los actos heroicos deberían quedar por lo menos en la familia de uno, y heakí que esa chica se ha estado informando en casa de los Traveler de mis derrotas ultramarinas, y entre tanto tejía y destejía el mismo pulóver violeta esperando a su Odiseo y trabajando en una tienda de la calle Maipú. Sería innoble no aceptar las proposiciones de Gekrepten, negarse a su infelicidad total. Y de cinismo en cinismo / te vas volviendo vos mismo. Hodioso Hodiseo.
No, pero pensándolo francamente, lo más absurdo de estas vidas que pretendemos vivir es su falso contacto. Orbitas aisladas, de cuando en cuando dos manos que se estrechan, una charla de cinco minutos, un día en las carreras, una noche en la ópera, un velorio donde todos se sienten un poco más unidos (y es cierto, pero se acaba a la hora de la soldadura). Y al mismo tiempo une vive convencido de que los amigos están ahí, de que el contacto existe, de que los acuerdos o los desacuerdos son profundos y duraderos. Cómo nos odiamos todos, sin saber que el cariño es la forma presente de este odio, y cómo la razón del odio profundo es esta excentración, el espacio insalvable entre yo y vos, entre esto y aquello. Todo cariño es un zarpazo ontológico, che, una tentativa para apoderarse de lo inapoderable, y a mí me gustaría entrar en la intimidad de los Traveler so pretexto de conocerlos mejor, de llegar a ser verdaderamente el amigo, aunque en realidad lo que quiero es apoderarme del maná de Manú, del duende de Talita, de sus maneras de ver, de sus presentes y sus futuros diferentes de los míos. ¿Por qué esa nostalgia de anexiones, vos que acabás de romper cables, de sembrar la confusión y el desánimo (tal vez debí quedarme un poco más en Montevideo, buscando mejor) en la ilustre capital del espíritu latino? He aquí que por una parte te has desconectado deliberamente de un vistoso capítulo de tu vida, y que ni siquiera te concedés el derecho a pensar en la dulce lengua que tanto te gustaba chamuyar hace unos meses; y a la vez, oh hidiota contradictorio, te rompés literalmente para entrar en la hintimidad de los Traveler, ser los Traveler, hinstalarte en los Traveler, circo hincluido (pero el Director no va a querer darme trabajo, de modo que habrá que pensar seriamente en disfrazarse de marinero y venderles cortes de gabardina a las señoras). Oh pelotudo. A ver si de nuevo sembrás la confusión en las filas, si te aparecés para estropoearles la vida a gentes tranquilas. Aquella vez que me contaron del tipo que se creía Judas, razón por la cual llevaba une vida de perro en los mejores círculos sociales de Buenos Aires. No seamos vanidosos. Inquisidor cariñoso, a lo sumo, como tan bien me lo dijeron una noche. Vea señora qué corte. Sesenta y cinco pesos el metro por ser usted. Su ma... su esposo, perdone, va a estar tan contento cualdo vuelva del la... del empleo, perdone. Se va a subir por las paredes, créamelo, palabra de marinero del Río Belén. Y sí, un pequeño contrabando para hacerme un sobresueldo, tengo al pibe con raquitismo, mi mu... mi señora cose para une tienda, hay que ayudar un poco, usted me interpreta.
Cortázar - Rayuela [78] (-40)
Raphaela is from the picture Wings of Desire / Alas del Deseo de Wim Wenders
Edición Alianza Editorial, Madrid
L'intimité des Traveler. Quand je les quitte sur le pas de leur porte ou au café du coin, c'est soudain comme un désir de rester près d'eux, de les voir vivre, voyeur sans appétit, amical, un peu triste. Intimité, quel mot, ça donne envie de lui coller sur le champ le h fatidique. Mais quel autre mot pourrait intimer la peau même de la connaissance, la raison épithéliale de l'amitié qui nous lie, Talita, Manolo et moi. Les gens se croient amis parce qu'ils se retrouvent quelques heures par semaine sur un sofa, devant un film, parfois dans un lit ou parce qu'ils font par hasard le même travail. Que de fois, adolescent, au café, l'illusion d'une complète identité avec les camarades nous avait donné le bonheur. Identité avec des hommes et des femmes dont nous ne connaissions qu'une manière d'être, une façon de se donner, un profil. Je me rappelle, avec une netteté hors du temps, les cafés portègnes où nous parvenions pour quelques heures à nous libérer de la famille et des obligations quotidiennes, nous entrions dans un territoire de fumée et de confiance en nous et en les autres, nous accédions à quelque chose qui nous consolait du précaire, nous promettait une espèce d'immortalité. Et là, à vingt ans, nous avons prononcé notre parole la plus lucide, nous avons connu nos tendresses les plus profondes, nous avons été les dieux du demi de bière et du petit havane. La rue, ensuite, était comme une expulsion, l'ange à l'épée flamboyante réglait le trafic au carrefour des rues Corrientes et San Martin. A la maison, vite, il est tard, vite les affaires, vite le lit conjugal, l'infusion de tilleul pour la vieille, l'examen pour l'après-demain, la fiancée ridicule qui lit Vicki Baum et que nous épouserons, pas moyen d'y couper.
(Etrange femme, Talita. Elle donne l'impression de marcher, une bougie allumée à la main, comme pour montrer un chemin. Et avec ça, la modestie même, chose rare chez une licenciée argentine, là-bas où le titre d'arpenteur suffit pour qu'on regarde son monde de haut. Penser qu'elle servait dans une pharmacie, c'est effarant, c'est véritablement tordant. Et elle se coiffe d'une si jolie façon.)
Je viens de découvrir que Manolo s'appelle Manou dans l'intimité. Ça lui paraît tout naturel à Talita d'appeler Manolo Manou, elle ne se rend pas compte que pour ses amis c'est un scandale secret, une blessure qui saigne. Mais moi, de quel droit ... Du droit de l'enfant prodigue, en tous cas. L'enfant prodigue, soit dit en passant, va devoir chercher du travail, le dernier recensement des fonds a été spéléologique. Si j'accepte les avances de la pauvre Gekrepten, qui ferait n'importe quoi pour coucher avec moi, j'aurai une chambre assurée, chemises propres, etc. L'idée d'aller vendre des coupons de tissu n'est pas plus bête qu'une autre, question d'essayer, mais le plus amusant ce serait de rentrer au cirque avec Manolo et Talita. Entrer au cirque, belle formule. Au commencement était un cirque, et ce poème de Cummings où il est dit qu'au moment de la création le Vieux a pris autant d'air dans ses poumons que pour remplir une tente de cirque. Nous accepterons l'offre de Gekrepten qui est une excellente fille, et cela nous permettra de vivre plus près de Manolo et de Talita, puisque, topographiquement, nous serons séparés par deux murs et une fine tranche d'air.
Avec un clandé à portée de main, le marché au coin, l'épicerie à deux pas. Penser que Gekrepten m'a attendu. C'est incroyable que des choses pareilles arrivent à d'autres. Tous les actes héroïques devraient être l'apanage d'une seule famille et ouassike cette fille s'est enquise jour après jour auprès des Traveler de mes déboires ultramarins, et pendant tout ce temps elle a tricoté et détricoté le même pull-over violet en attendant son Odyssée et en travaillant dans un magasin de la rue Maipu. Ce serait ignoble de ne pas accepter les propositions de Gekrepten, de se refuser à faire tout à fait son malheur. Ah hodieuse Hodyssée.
Non mais si on y pense vraiment, le plus absurde, dans ces vies que nous prétendons vivre, c'est le faux contact. Orbites isolées, de temps en temps deux mains se serrent, un bavardage de cinq minutes, un jour aux courses, un soir à l'Opéra, une veillée funèbre où tout le monde se sent un peu plus uni (c'est vrai, mais cela finit à l'heure où l'on soude le cercueil). Et en même temps on vit, persuadé que les amis sont là, que le contact existe, que les accords ou les désaccords sont profonds et durables. Comme nous nous haïssons tous, sans savoir que la tendresse est la forme présente de cette haine, et la raison de cette haine profonde c'est bien l'excentration, l'espace infranchissable entre toi et moi, entre ceci et cela. Toute tendresse est un coup de griffe ontologique, une tentative pour se saisir de l'insaisissable, et moi qui aimerais pénétrer dans l'intimité des Traveler sous prétexte de mieux les connaître, mais ce que je veux, en fait, c'est m'emparer du mana de Traveler, de la force vitale de Talita, de leurs manières de voir, de leurs présents et de leurs futurs, différents des miens. Et pourquoi cette manie de possession spirituelle, Horacio ? Pourquoi cette nostalgie d'annexions, toi qui vient de rompre tous les liens, qui viens de semer la confusion et l'abattement (tu aurais peut-être dû rester un peu plus à Montevideo, chercher un peu mieux) dans l'illustre capitale de l'esprit latin ? Voici que d'un côté tu as délibérément tourné le dos à tout un remarquable chapitre de ta vie et que tu ne t'accordes même pas le droit de penser dans ta douce langue que tu te plaisais tant à baragouiner il y a quelques mois; et en même temps, oh himbécile contradictoire, tu cherches héperdument à entrer dans l'hintimité des Traveler, à hêtre les Traveler, à t'hinstaller dans les Traveler (cirque hy compris), mais le directeur ne voudra pas m'embaucher et il faudra sérieusement songer à se déguiser en marin et à aller vendre des pièces de drap aux dames. Oh, couillon ! Voyons un peu si tu vas à nouveau semer la confusion dans les rangs, si tu n'apparais que pour troubler la vie des gens tranquilles. Cette histoire qu'on m'a racontée du type qui croyait être Judas et, à cause de cela, menait une vie de chien dans la meilleure société de Buenos Aires. Ne soyons pas vaniteux. Inquisiteur affectueux, tout au plus, comme on me l'a si bien dit un soir. Voyez, madame, ce coupon. Soixante-cinq pesos le mètre parce que c'est vous. Votre ma..., votre époux vous félicitera de votre achat quand il rentrera du bou... du bureau. Il sera absolument enchanté, croyez-moi, parole de marin du Rio Belen. Eh oui, une petite contrebande pour arrondir ma solde, j'ai le petit qui fait du rachitisme, ma fe... mon épouse coud pour un magasin, alors il faut bien aider un peu, mettez-vous à ma place.
Cortázar - Marelle [78] (-40)
Raphaela est tirée du film Les Ailes du Désir de Wim Wenders
Edition française chez Gallimard - traduction Laure Guille-Bataillon

transcrit par jes